Cuando nos levantamos no sabíamos que iba a ser nuestra última etapa. La tarde anterior ya se me estaban inflamando las picaduras de las piernas y brazos. Empezó a darme fiebre por la noche. Nos levantamos temprano y desayunamos algo en la habitación, aunque no comimos casi nada.
Empezamos a caminar cuando salían las primeras luces del día. Justo al salir del pueblo pasamos por la puerta del cementerio, cuya portada románica (finales del s.XII) procede de un antiguo hospital de la Orden de San Juan de Acre.
Andamos por un camino entre vides, olivos y árboles frutales y que terminaba junto a la Cooperativa Vitivinícola de Sotés, donde cruzamos la carretera y una pista asfaltada nos llevó hasta el borde de la autovía A-12, por la que avanzamos hasta llegar al desvío que nos conducía a Ventosa. Podíamos seguir sin pasar por este pueblo pero decidimos entrar para desayunar algo.
Llegamos a Azofra y el albergue municipal estaba muy guapo. Todo habitaciones dobles. Los baños muy limpios. Una sala grande para estar, una buena cocina para prepararte comida o cena. También tenía lavadoras y secadoras. Pero lo mejor de todo era la pequeña fuente-piscina que tenía en la entrada y de la que dimos buena cuenta, mojándonos las piernas, después de ducharnos.
Por la tarde y en vista de que estaba hecho polvo con las picaduras, con fiebre e inflamación en las piernas y brazos, decidimos volvernos para Almería, no sin antes pasar por Burgos, ya que teníamos una habitación pagada en un hotel de allí, que era nuestra meta de esta primera parte del Camino. Dimos una vuelta por Azofra para ver el pueblo. Tenía una iglesia muy chula con cigüeñas, cosa que no vemos por allí abajo.
Que bien lo pasamos esa tarde con el parchis... a los canarios estos no había quien les tosiese, jejejeje.
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