Segundo día en el que madrugamos mucho para comenzar la etapa. Nos despertamos a las 6 de la mañana y a las 6:30 ya estábamos desayunando en el bar del Albergue. Dejamos Torres del Río por la parte alta del pueblo. Los colores del amanecer son increíbles.
Yo decidí vestir pantalón corto, por eso del calor cuando saliese el sol. Fui literalmente comido por los mosquitos nada más comenzar la etapa. Llegue a contar 17 picaduras, repartidas 5 en cada pierna, 3 en un brazo y 2 en el otro, 1 en la nuca y otra en la cara junto a una oreja. No quería darle la mayor importancia, pero con los antecedentes de picaduras de mosquito que había tenido empecé a pensarme lo peor.
Continuamos ascendiendo, cruzando la NA-1110 hasta que alcanzamos la ermita de la Virgen del Poyo (s. XVI).
Bajamos un poco, cruzándonos de nuevo con la carretera y desviándonos por un camino que sube hasta una carretera secundaria que va hacia Bargota, que no atravesamos. Después de ahí comenzamos a descender el barranco de Cornava, con un desnivel fuerte, pasando entre olivos y viñedos.
Seguimos por un trazado que es paralelo a la NA-1110, incluso caminamos por el asfalto antes de llegar a Viana. Entramos en Viana, y lo primero que buscamos es una oficina de correos para enviar algunas cosas de vuelta a casa, como las botas de lola, y los sacos de dormir, ya que decidimos comprarnos un juego de sabanas que vamos a utilizar en los albergues.
Decidimos pararnos a reponer fuerzas en Viana, junto a la Iglesia de Santa María (s. XIII). Iglesia gótica con portada renacentista y donde está la sepultura de César Borgia.
Dejamos Viana junto al Colegio Ricardo Campano y por una pista entre huertos vamos a cruzar la NA-7220. Más adelante nos cruzamos con la NA-1110 y seguimos por una pista hasta la ermita de la Virgen de Cuevas. Aún quedaban algunos kilómetros hasta llegar a Logroño, pero ya se veía algo en el horizonte.
Nos adentramos en un pinar donde descansamos un poco al fresco de la sombra, preparándonos para el último esfuerzo. Cruzamos la carretera y seguimos por el talud junto a otra masa de pinos hasta acercarnos a la papelera del Ebro, donde se encuentra el límite provincial. Entramos en Logroño (La Rioja). La verdad es que no huele muy bien en esa zona, me imagino que algo tendrán que ver las industrias que hay por la zona.
Antes de llegar a Logroño pasamos por la casa de la Sra. Felisa. Ya fallecida ahora atiende su hija. Felisa tenía la costumbre de recibir a los peregrinos con higos recién cogidos (si era el tiempo del higo) y agua fresca. Allí te ponía tu sello en la credencial. Nosotros hicimos lo propio y le compramos algunos imanes de recuerdo del camino.
Ya solo nos quedaba llegar hasta Logroño que se veía cada vez más cerca. Entramos por el puente de piedra sobre el Ebro de 1884 pero construido sobre el puente primitivo que se levanto en el s.XI por Santo Domingo de la Calzada y San Juan de Ortega.
Después del puente giramos a la derecha y callejeando un poco llegamos hasta la plaza de la catedral de Santa María la Redonda con sus dos torres gemelas de estilo riojano que tienen los nombres de San Pedro y San Pablo.
Allí nos estaban esperando sentados en una terraza, con unas cervezas fresquitas de las que dimos buena cuenta.

Después nos trasladaron hasta Navarrete, donde teníamos reservado un hostal, que luego resultó ser una fonda. La Carioca, con baño compartido y con más años que el hilo negro. Ese día jugaba España en el Mundial de Sudáfrica frente a Chile. Preparamos unas cositas para picar y cenamos los 4 en una habitación viendo el futbol. De lo cansados que estabamos creo que solo vimos la primera parte.
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